El 2 de julio de 1986, durante una jornada de protesta contra la dictadura en la población Los Nogales, Estación Central, Carmen Gloria Quintana y el fotógrafo Rodrigo Rojas de Negri, de 19 años, fueron detenidos por una patrulla militar. Ambos fueron brutalmente golpeados, rociados con combustible, quemados vivos y luego abandonados en Quilicura. Rodrigo falleció cuatro días después a causa de las quemaduras. Carmen Gloria sobrevivió tras una larga y dolorosa recuperación, que continuó en Canadá, donde también comenzó una intensa labor de denuncia de las violaciones a los derechos humanos cometidos por el régimen militar de Augusto Pinochet.
A 40 años del hecho, Carmen Gloria Quintana conversó con Radio y Diario Universidad de Chile sobre el impacto de esta nueva conmemoración, la búsqueda de justicia y el escenario actual de los derechos humanos en el país.
― Este 2 de julio se cumplen 40 años de los hechos que marcaron su vida y la historia reciente del país. Mirando hacia atrás, ¿cómo ve usted esta fecha al día de hoy?
Difícil, porque en este momento mundialmente vemos una regresión en cuanto a la universalidad de los derechos humanos y al compromiso que los Estados tienen con ellos. Yo veo una regresión y siento mucho susto por el devenir de la humanidad. Me siento decepcionada, porque pensaba que Chile había aprendido un poco de lo que sucedió en dictadura, y siento que en esta etapa, en estas últimas elecciones que hubo, hay una marcada regresión en cuanto al compromiso del Estado con los derechos humanos.
En 2024, la Corte Suprema confirmó condenas de 20 años de prisión para los responsables del crimen tras décadas de investigación. ¿Cómo fue ese proceso de búsqueda de justicia?
Fue un proceso bien largo. Tuvieron que pasar 38 años para que se hiciera justicia. Recién en enero de 2024, gracias a Fernando Guzmán, que fue un conscripto que rompió los pactos de silencio, se pudo reabrir el caso. Y eso dio lugar a que en enero de 2024 se condenara a 20 años a cuatro personas, de las cuales hay una que está prófuga, que es don Iván Humberto Figueroa Canobra, quien nunca se presentó a cumplir su pena. Se condenó a 20 años a Julio Castañer, a Iván Figueroa, a Nelson Medina y a Pedro Fernández Dittus.
Pero antes de esos 38 años hubo una tortura y una violación del derecho a la justicia para mí como víctima, para los familiares de Rodrigo y para mi familia. Porque al principio fuimos acusados de habernos quemado solos. Y esa fue la postura que tuvieron las Fuerzas Armadas durante muchos años, a pesar de todos los testimonios y pruebas judiciales que apuntaban a lo contrario.
Fueron muchos años de lucha, de indignación y de denuncia. Y la justicia tardó mucho. Tardó 38 años. Uno se pregunta: cuando la justicia llega tan tarde, ¿también hay una violación al derecho humano de las víctimas?
Creo que el sistema judicial está al debe con todos los casos de violaciones a los derechos humanos. Hicieron un mea culpa al sistema judicial, a los tribunales. Pero a veces pienso que estamos muy influenciados por las contingencias políticas de cada momento. Y hay corrupción también, lo que lleva a inquietarse respecto de la imparcialidad con que se tratan los casos de derechos humanos.
A propósito de estos 40 años, del brutal crimen del cual usted y Rodrigo fueron víctimas, ¿cuál es su reflexión?
Creo que hay sectores en nuestro país que están realmente comprometidos con los derechos humanos y comprenden la concepción profunda de lo que significa el respeto a los derechos humanos.
Tengo esperanza en que los jóvenes de las nuevas generaciones van a comprender la importancia de cuidar la democracia, y que ese cuidado pasa por el respeto a los derechos humanos.
Esto que me sucedió a mí marcó un antes y un después en mi familia y en la familia de Rodrigo. Una parte de la familia vivió en Chile y otra acá. Nos separamos para siempre, aunque mantenemos los lazos familiares.
Pero es terrible ver cómo la humanidad está retrocediendo en esta etapa. Espero que esta etapa que estamos viviendo se acabe pronto y podamos nuevamente respirar y volver a recuperar la esperanza en un mundo más justo, solidario, en donde el amor, la compasión y la solidaridad primen.
Alexis Polo González
U de Chile