sábado, 12 de abril de 2008

VIVA LA LUCHA DE CLASES

Mostrador.cl 9 de abril de 2008 ¡Viva la lucha de clases!Por Nicolás Espejo* No son pocos los que, con la candidez propia de quien desconoce lahistoria, han predicado el fin de la sociedad de clases. Imbuidos porla impronta de nuevas formas de catalogar lo social, algunos hansugerido que la calificación tradicional marxista ?que distingue entrela clase burguesa y el proletariado- carece de validez bajo lascrecientes condiciones de hibridización de la sociedad capitalistaactual. Por eso, para muchos, es mejor hablar de formas de?estratificación social?, dependientes de estructuras dediferenciación asociadas a la raza o el género, entre otras.La sociología marxista moderna ha respondido a esta cuestión indicandoque, para describir correctamente la operatividad de la sociedadcapitalista, el análisis de clase debiese evitar su reducción a lamera tenencia -o la falta de ella- de ciertas formas de capitaleconómico. Como lo indica agudamente la sociología Bourdieana ? entreotras- las distintas formas de capital cultural, simbólico o político,también acaban determinando fuertemente el lugar de los sujetos dentrode la sociedad capitalista. El ejemplo de la educación esparadigmático en este sentido. Si usted estudia en el Colegio SanIgnacio o en el Tabancura, debe hacer casi lo imposible para terminarperteneciendo a los sectores menos aventajados económica, social ypolíticamente de la sociedad. Si duda sobre esta cuestión, puederevisar los diversos ?rankings? que al efecto se elaboranconstantemente en esta materia.¿Qué tiene que ver todo esto con el fallo del Tribunal Constitucionalsobre la píldora del día después? Muchísimo. La decisión del TC enesta materia viene a recordarnos varias cosas.Primero, que el valor simbólico de la mujer en Chile no ha llegado ?apesar de que el Gobierno diga que tenemos ?mucho que celebrar?- atransformarse en un status jurídico pleno. Si es que el TC cree que elderecho a la vida del que está por nacer es un derecho absoluto, queno debe ponderarse con ningún otro derecho, entonces simplemente lasmujeres no son reconocidas como portadoras de derechos en ningúnsentido jurídicamente relevante. El derecho a la vida del que está pornacer, independiente de su estado embrionario, triunfa siempre frentea cualquier otro derecho (como el derecho a la autonomía o a la saludsexual y reproductiva de la mujer). Por ello, en Chile usted seencuentra mejor protegido por la Constitución Política de la Repúblicade Chile si es dueño de un auto ?el TC ponderará agudamente su derechoa la propiedad y la libre circulación con el derecho a vivir en unmedio ambiente libre de contaminación -, que si resulta ser una mujeren edad fértil (ya sabemos, ahí no hay nada que ponderar).Segundo, la decisión del TC nos recuerda que la división de clases enChile, esa que pone nerviosa a la derecha y que la izquierda parece yahaber olvidado, sigue rampante. No le basta al TC que, por el sólohecho de ser mujer, usted no tenga ningún derecho que hacer valer comoargumento relevante en materia de su autonomía sexual y reproductiva.Si por esas cosas de la vida ?lo que los filósofos morales llaman ?lalotería natural?- a usted no solo le tocó ?la mala suerte? de sermujer, sino que, además, se ve enfrentada al hecho de depender de lasalud pública, las cosas no se ven necesariamente auspiciosas. Ladecisión del TC, ya lo sabemos, garantiza que las mujeres menosaventajadas socio-económicamente de Chile no tengan el mismo derecho aacceder a medicación anticonceptiva de emergencia en los mismotérminos que las mujeres mejor situadas en la estructura de capitaleconómico. Se trata, como lo indica la literatura especializada, deuna forma reforzada de discriminación: usted ?paga? por ser mujer ypor ser pobre (o menos favorecida socio-económicamente).Por eso es que el fallo del TC es clasista en el más específico ytécnico de los sentidos. No sorprende, claro está. Es un reflejo delChile real. Pero no por eso deja de molestarnos y ofendernos. Por esono es descabellado decir: ¡Qué viva la lucha de clases!* Nicolás Espejo es director de centro de derechos humanos de la UDP