viernes 1 de octubre de 2010

Comuneros mapuche ponen fin a huelga de hambre de 82 días tras acuerdo con el Gobierno

La mayoría de los comuneros mapuche decidieron poner fin a la huelga de hambre de 82 días, tras alcanzar acuerdo con el Gobierno.
El Ejecutivo desistirá de todas las causas bajo ley antiterrorista que están en los tribunales de nuestro país, según consta en el acuerdo alcanzado, ya que no tienen convicción de que los hechos que se les imputan a los mapuche puedan seguir siendo calificados como conductas penadas por dicha legislación.
Además, el Gobierno seguirá patrocinando el proyecto para reformar la justicia militar, y que está en el Congreso, para que los civiles no pasen por dichos tribunales.
El anuncio lo hizo el arzobispo de Concepción, monseñor Ricardo Ezzati, acompañado entre otros por Natividad Llanquileo, vocera de los comuneros del penal El Manzano, y el subsecretario de la Presidencia, Claudio Alvarado.
Los comuneros que bajan la medida de presión son los de los penales de Concepción, Lebu y Temuco. Quienes están en Angol, sólo Waikilaf Cadín es parte de este acuerdo, y mañana el resto tomará una decisión. A ellos se les suma Andrés Gutiérrez Coña, de la cárcel de Valdivia.
Los firmantes volverán a reunirse con monseñor Ezzati, para seguir avanzando en la solución a diversos temas que preocupan al pueblo mapuche.
Fuente: Radio Bio Bio 

INTENTONA GOLPISTA: ¿Qué ocurrió ayer, 30 de septiembre, en Ecuador?

Ayer vivimos una jornada tan convulsa como absurda. A primeras horas de la mañana, en un cuartel al norte de Quito, cientos de policías se sublevaron rechazando una Ley de Servicio Público que, según ellos (o quienes les mal informaron) les recortaba unas bonificaciones y condecoraciones.
El presidente Rafael Correa fue al cuartel e intentó dialogar con los policías. Nada. Gritos, insultos, amenazas. Correa, desde una ventana del cuartel, les explicó que la Ley no les quitaba nada, al contrario, les mejoraba sus ingresos. Nada. Ante la violencia creciente de los policías, el presidente, en un gesto tan valiente como temerario, se abrió la camisa y les dijo: Señores, si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo, pero seguiremos con una sola política de justicia, de equidad. Nada sirvió. Cuando Correa quiso salir del cuartel, los policías lo empujaron y le arrojaron bombas lacrimógenas. Casi lo asfixian y tuvo que ser llevado al Hospital de la Policía, donde fue encerrado en el tercer piso. Ahí lo mantuvieron secuestrado todo el día.

La sublevación policial se extendió por todo el país. Guayaquil, Cuenca, Ambato, Riobamba, Loja, Esmeraldas... resultaba inexplicable que por un motivo tan pequeño estos “chapas” (apodo peyorativo que el pueblo da a los policías) armaran un caos tan grande.

En RADIALISTAS no podíamos trabajar (por eso, ayer no les enviamos ningún radioclip). Íbamos de la televisión a la radio y de la radio al internet. Al final, fuimos a la calle a sumarnos a la creciente multitud que rechazaba el golpe de estado. Pasamos por la Asamblea Nacional donde los policías sublevados tenían también secuestrados a diputados y diputadas. A las afueras del edificio, un grupo del MPD (partido radical que, como se sitúa a la izquierda de la izquierda, le hace el juego a la derecha) apoyaba a la policía (esa misma policía que en todas las manifestaciones los ha masacrado).

Fuimos a la Plaza Grande de Quito, donde al mediodía ya se congregaban cientos, y luego miles de ciudadanas y ciudadanos apoyando al presidente Correa. Mejor dicho, apoyando el proceso democrático del país.

Los sublevados no cedían. Fueron tres veces al Hospital donde mantenían secuestrado al presidente para forzarle a que retirara la cuestionada Ley. Correa les preguntó si alguno de ellos la había leído. Ninguno. Era evidente que los policías habían sido mal informados y estaban siendo manipulados por otras fuerzas en la sombra.

Seguía la revuelta de los policías, el “chapazo”, como lo calificó Radio La Luna, emblemática emisora que encabezó la resistencia contra el anterior y corrupto gobierno de Lucio Gutiérrez. Era el mundo al revés. Veías policías quemando llantas en las calles y gritando consignas golpistas. Policías tirando piedras contra los civiles. Policías arrojando bombas, disparando contra la gente que no les apoyaba, golpeando a mujeres, a peatones, con sus toletes... Ellos, pagados por el pueblo para cuidar el orden, convertidos en delincuentes con uniforme.

El ejército no. El ejército ecuatoriano mantuvo su dignidad y apoyó al gobierno elegido democráticamente. Cuando se declaró el estado de excepción, el ejército se hizo cargo de las cosas. Lo primero fue proteger la Radio y la TV pública que estaba siendo invadida por policías desaforados que rompieron las puertas de ingreso y quisieron justificar su conspiración ante los televidentes y radioescuchas.

Ya de noche, decenas de camiones militares rodearon el hospital para rescatar al presidente. Parecía una película mal hecha. Militares disparando contra policías. Dos muertos y un montón de heridos. En medio de la balacera, el ejército logró ingresar al hospital y rescatar a Correa. Lo llevaron a la Plaza Grande, al mismo balcón donde 200 años proclamó Bolívar la independencia de Quito. Desde allí, el presidente habló a la multitud, agradeció la solidaridad demostrada por el pueblo y se comprometió a castigar a los responsables de esta absurda revuelta.

¿Que hay detrás de esta intentona de golpe de estado? Todos los dedos señalan al depuesto presidente Lucio Gutiérrez, un vendepatria que no se resigna a haber sido expulsado por el pueblo quiteño de ese mismo palacio donde ahora hablaba Correa.

Pero, ¿quién está detrás de Gutiérrez? Esta es la pregunta fundamental. Con seguridad, la extrema derecha, la oligarquía ecuatoriana que tampoco se resigna a no poder seguir saqueando las arcas públicas como antes hacía impunemente. ¿Y no habrá alguien más detrás? ¿Será coincidencia el intento de golpe contra Chávez en Venezuela, el golpe contra Zelaya en Honduras, el intento de golpe contra Evo Morales en Bolivia, y contra Lugo en Paraguay y ahora contra Correa en Ecuador?

De inmediato, todos los países de la OEA, de la UNASUR, de la Unión Europea, han apoyado la democracia ecuatoriana. También al interior del país, los movimientos sociales, la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), la Coordinadora Política de Mujeres, los muchísimos periodistas dignos que defienden el estado de derecho, han rechazado esta intentona golpista y han expresado su apoyo al proceso democrático que vive el Ecuador. RADIALISTAS también.

Equipo RADIALISTAS
Una producción de RADIALISTAS APASIONADAS Y APASIONADOS / www.radialistas.net

82 DIAS EN HUELGA DE HAMBRE LOS PRISIONEROS POLITICOS MAPUCHE ENCARCELADOS POR EL ESTADO CHILENO

Entrevista a José Aylwin. Aproximadamente 80 días (82 días) son los que llevan en “huelga de hambre” los Presos Políticos Mapuche recluidos en las cárceles de Temuco, Concepción, Angol, Lebu y Valdivia. Rotas nuevamente las conversaciones en la malograda “mesa de diálogo” creemos necesario como revista CARCAJ, contribuir desde la reflexión y el pensamiento a esta causa. Lo nuestro no es una resistencia física, pero sí al menos de conciencia mediática. Cuando los canales oficiales están inte¬rrumpidos, debe¬mos utilizar todos los medios posibles.
José Aylwin, creemos necesario consultarle sobre la “criminalización” de las protestas mapuche, considerando que para la opinión pública el problema se reduce hoy a una huelga porque son procesados bajo la ley antiterrorista. ¿De qué modo esa visión, cree usted, podría cambiar para ocuparse de lo que hay de fondo, que son las demandas de las comunidades?
La huelga de hambre de los presos mapuche es la punta del iceberg, es lo que luego de romperse el cerco puesto por los medios de comunicación se puede ver de una realidad mucho más profunda. A la huelga llegan los mapuche tras una larga historia de violencia por parte del estado chileno, que se remota a la ocupación militar de la Araucanía, a la radicación forzada, a la división de las tierras comunales, a la contra reforma agraria que vino luego de la reforma de los 60 y 70, a la división forzada de las tierras comunales. En las últimas décadas, bajo los gobiernos de Concertación, ella se manifiesta además en el apoyo público a la expansión acelerada de la inversión forestal en sus tierras legales y/o ancestrales, a la proliferación de centrales hidroeléctricas en sus comunidades, y a la represión indiscriminada de la protesta social mapuche frente a esta realidad. Ello a través del uso de la legislación más dura, la ley antiterrorista heredada de dictadura para perseguir dicha protesta y los delitos que puedan haber cometido en su desarrollo, y en los abusos permanentes de las fuerzas policiales en sus comunidades, afectando la vida y la integridad de sus integrantes, incluyendo niños y ancianos.
  En su libro El gobierno de Lagos, los pueblos indígenas y el “nuevo trato”, de acuerdo a su análisis y de los demás autores, queda a la vista la falta de compromiso demostrado por los gobiernos de la Concertación, y de qué modo se les escapó de las manos el “conflicto mapuche”, donde se volvía como primordial hacer efectiva la mentada “integración” que se postulara reiteradas veces. ¿Podría aventurar una relación distinta en consecuencia que las presiones son mayores y que podría ser inminente un desenlace trágico en estos días?
 La presión legítima ejercida por los mapuches en la huelga de hambre ha tenido ya un gran impacto en el país. Ella marcó el bicentenario de una manera radical. Desde ese punto de vista lo logrado por los presos mapuche ha sido enorme. No hay nadie que pueda ignorar esta herida profunda de Chile que ha quedado al descubierto en el marco de este bicentenario, el que para los mapuche y para otros pueblos indígenas no es sino una falacia. Ello no solo porque sus territorios no llevan dos siglos de inserción en el país, sino por cuanto nunca estuvieron realmente invitados a ser parte de Chile, sino a través de su asimilación y más tarde de su integración forzada. Ahora, si bien los huelguistas mapuche han conseguido mucho en este sentido, sus demandas por un juicio justo hasta ahora no han sido satisfechas. Por ello es que mantienen la huelga de hambre, la que ya ha tenido graves impactos en su salud, algunos presos mapuche han bajado hasta 25 kilos y plantea el peligro inminente a su vida. Si ello llega a ocurrir, cuestión que esperamos no suceda, las posibilidades de superar las heridas que afectan al pueblo mapuche por la vía del diálogo se harán más remotas. La violencia opresiva del estado puede generar violencia reactiva de parte del mundo mapuche. Es el estado como garante del bien común el que tiene que abordar esta realidad y dar solución a las demandas de juicio justo del mapuche, antes de que sea muy tarde.
 Cuando se afirma que los delitos mapuche serían considerados terroristas, en tanto no afectan a la vida, la integridad física, la libertad y la salud pública, sino a los bienes materiales. Cabe preguntarse, entonces, ¿para el Estado y los tribunales militares, el daño a la propiedad también constituye un crimen?
 La política de criminalización de la protesta social mapuche ha dejado en evidencia las paradojas de la justicia chilena. Para ella vale más la propiedad que la vida humana. Así lo han dejado en evidencia los requerimientos hechos en contra de personas mapuches por el ministerio público y el ministerio del interior, y los fallos de los tribunales. Tales fallos han condenado a elevadas penas de cárcel a líderes mapuches por delitos como la amenaza de incendio terrorista, en circunstancias que la afectación a la vida de las personas mapuche asesinadas por carabineros, o de las personas que han sido objeto de maltrato policial, han quedado en la impunidad. Ello es una forma de violencia en contra del mapuche que, sin duda, ha afectado la convivencia interétnica en el sur del país. Las implicancias que ello tendrá a futuro para dichas relaciones interétnicas son preocupantes. De mantenerse esta tendencia, los jóvenes mapuches reafirmaran su percepción de que a través del estado no se puede lograr justicia, y ello es grave.
 Yéndonos más atrás y a la luz del Bicentenario, en los albores de la República los indígenas, principalmente, los araucanos, fueron considerados como anticolonialistas por los independentistas, mientras al contrario ellos veían en aquel posible Estado en formación una amenaza aún mayor y más violenta. De hecho la llamada “Pacificación de la Araucanía” se inició en 1861, ¿cuánto ha cambiado esa condición, pensando que con un nombre semejante, se levantara la Operación Paciencia en el 2003, como una forma de represión más fuerte en la zona?
 El estado sigue impulsando políticas de integración forzada. Los gobiernos post dictatoriales, como lo hemos dicho, han tenido una política dual hacia los pueblos indígenas en general y los mapuche en particular. Por un lado han comprado tierras y aportados recursos para el desarrollo. Sin embargo, el proyecto central de estos gobiernos ha sido la inserción de sus territorios en la economía global, a través de proyectos de inversión productivos y extractivos. Y cuando los mapuches se han opuesto a ellos, se les ha perseguido y criminalizado. En este sentido el proyecto del estado sigue siendo colonial, más sutil que en el pasado, pero colonial al fin. El Plan Araucanía de Piñera es una nueva manifestación de ello.
Por último, si el Bicentenario conmemora 200 años de independencia, ¿de qué manera el Estado Nación de Chile, podría celebrarlo sin haber resuelto el tema mapuche?
 Como antes se señalara, el bicentenanrio es una falacia para los mapuche. El estado chileno no existía en la Araucanía en el 1810, tampoco en el norte en los territorios de los pueblos andinos, el que estaba bajo el control de Perú y Bolivia, tampoco en Rapa Nui, isla que fue anexada recién en 1888 a Chile. Además de ello, no han sido invitados sino a sumarse a un proyecto que fue impuesto por la elite hispano criolla. La historia de Chile para los pueblos indígenas es una de imposición y de fuerza, y por lo mismo los pueblos indígenas rechazan su inserción en el Estado. Mientras este Estado no se reconozca como plurinacional e intercultural, como lo ha hecho Bolivia y Ecuador recientemente, los mapuches seguirán resistiendo al Estado. Eso es lo que ha ocurrido en esta celebración del bicentenario de Chile. Como muchos han señalado, en este bicentenario no hay nada que celebrar.

Fuente: www.carcaj.cl

Memoria Rebelde (SubVerso)

Olvidándonos ya de las contradictorias “celebraciones” del bicentenario… Comprobando, como todo el país, la inmensa dignidad y coraje del pueblo mapuche…
Sufriendo otro gobierno más de los ricos y poderosos, como hace ya 37 años…

Desde distintos espacios de lucha y organización, de rebeldía y solidaridad, muchos seguimos buscando los mejores caminos que nos ayuden a sacudirnos la gran inmovilidad y resignación que inculca/impone este modelo económico, social y cultural…

La siguiente canción es un aporte más para seguir re-conociendo la verdadera historia de esta tierra y su gente, la “memoria rebelde” de este hermoso pueblo…

Véanlo aquí, y si creen que sirve, por favor ayuden a difundir…

http://www.youtube.com/watch?v=GucEXgawVp4

Mis agradecimientos a todos los auténticos historiadores del pueblo, que vienen iluminando hace rato los oscuros rincones donde los pobres han luchado por forjar su propio proyecto de liberación…

A SEGUIR SOLIDARIZANDO ACTIVAMENTE CON TODAS LAS LUCHAS,
ESPECIALMENTE CON TOD@S L@S PRES@S POLÍTIC@S,
CONTRA QUIENES SE DESCARGA HOY
TODA LA FURIA DEL ESTADO…

Un abrazo de compañero a todos…
SubVerso